viernes, 25 de septiembre de 2009

Juego 4

Hace unas dos horas, cruzando Dwight y Telegraph, de Shakespeare a Moe's, vi a Julia Vinograd haciendo lo mismo. Sólo que a ella le tomó como diez minutos y a mi únicamente cinco, je je. mis rodillas tienen aun dos milímetros de menisco y a ella parece que la jodió edad, el destino, la mala vida, las malpasadas durmiento en algún portal de alguna vieja iglesia abandonada, o bajo algún paso a desnivel de la autopista o vaya usté a saber entre qué matorrales del Campus, como solia hacerlo Arnold-o en sus tiempos de homeless, bum u poeta, que a veces son lo mismo y otras veces no.
La Julia me vió de reojo y sin enojo. Ay ojitos pajaritos. A un lado cargando su morral lleno de libros de sus poemas que ella misma edita y que de muy buena gana te dedica si te dejas cair cadáver, ahi lo que sea su voluntá, ahi pa las aguas, mire...Ya no echa sus pompas de jabón, pompas ricas de colores de matices seductores, probablemente porque ya no sopla, nothing personal. Como me ves te viste, te dice poéticamente con esos ojos que parecen no tener pestañas, tal vez porque se las quemó de tanto leer. Todavia huele a cebolla, todavia te mete el libro bajo tus narices si te arrincona por güey y no te queda otra que comprárselo y darle las gracias por dejarte tener sus poemas por tan módico precio, mire.
Si hay alguien cuya pasión por su arte -de tú arte a miarte- es de admirar, es la poetiza Julia, que desde que se dió cuenta que era poeta, hará cosa de cuatro décadas, dejó todo "si tú me dices ven lo dejo todo, no volveré siquiera la mirada para mirar a la mujer amada, pero dimelo juerte, de tal modo..." según dicen los mitólogos mitoteros, un futuro ya pasado de carrera en la academia, una herencia de su rica familia, un matrimonio promisorio con un hombre de billetes y profesión prominente, brillante y bien parecido, que la queria mucho y le habia prometido el cielo y las estrellas y algún cometa y asteroide. Pero ella dejó todo para dedicarse a la poesia. Y si eso no es tener güevos, no sé que será, porque la neta que Julia es el ejemplo de alguien que escucha el llamado de las musas y no les hace el fuchi. Cuántos camaradas se han desviado del camino con esos pretextos que no convencen a nadie fuera de la convención clasemediera de que ay es que me dí cuenta que me gustaba comer tres veces al dia, o por lo menos una y que queria tener un techo sobre mi y una cama donde dormir o hacer maromas de amor o simplemente de sexo sin tapujos....Nada, nada, a todos nos da frio en las noches de lluvia cuando nos refugiamos bajo algunos cartones o bolsas de plástico en algún callejón. A todos nos da hambre y sed y ganas de tener a alguien a quien querer y que nos quiera (y que la quiera, quiere, pero también quiere que quiera que me quiera)
De rock and roll al sheetrockandroll, ahi los ves perdiendo el tiempo y su alma, working for the man. Solo Julia Vinograd y mi amigo Manuel Lepe Montó-ya se mantienen firmes al frente de los que entregan su vida a la poesia o a la vagancia...Y a veces no es la misma cosa.

Bernal el que ve fantasmas y otros que parecen serlo

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Esa Julia es ya un monumento histórico viviente –bueno-. Mientras yo ccaminaba de arriba para bajo Telegraph Ave. allá por el ’74 en busca de mi amigocho el Manolín, me topé por primera vez con la joven Julia de aquellos años, con su mismo vestido, su misma gorra, su bote con espuma para hacer pompas de jabón y lanzarlas al aire y con su misma bolsa de lona de donde saca sus poemas me la volví a topar –en la misma avenida, of course- 29 años después de haberla visto “day after day/alone on the hill..” durante seis abriles.

José Emilio Pacheco le dedica un poema a Julia Vinogard en el llibro Los trabjos del Mar, que incluye algunos poemas sobre Berkeley escritos en una de sus estancias allí. El poema es un buen retrato de Julia, tiene el ritmo pausado y contemplativo de esa vida con cierta parsimonia pero azarosa. En el 2002 me topé con JEP en La Casa del Poeta Ramón López Velarde y al calor de un copa de buen tinto –sólo una, me dijo-, controlando su diabetes. Hablamos de ese poema para Julia y todavía guardaba una impresión muy honda por la poeta de las pompas de jabón de la Telegraph. Luego llegó Cristina la mujer de pacheco -muy linda y guapípsima señora y lo primero que dijo fue: "!Emilio, estás tomando!" Sólo una, dijo él.

En aquél primer encuentro con la poesía-es ella-la Julia no le merqué el libro por la simple y encilla razón de que yo andaba también de homless y sin billulla in cacharpa. Tres días antes de ese "encuentro" el García me había hecho una canallda -de las que sólo su ex-mi-ex-cuais sabe hacer-, con las manos en la bolsa me dijo en casa de Shelly's mother: "Oye Licón, yo creo que te tienes que ir a buscarle a otro lado, pero ya, agarra tus chivas, te voy a llevar para que agarrees un camión para donde tu quieras" Shelly's mother vivía en las collinas de Oakland, allíl junto a Jefferson Airplane y otras cacas grandes del rock acido. En San Diego el chapulín García me había prometido que yo podía quedarme a vivir con ellos por tiempo indefinido y que para eso eramos hermanitos del alma grande y que....yo tenía sólo dos washingtons in my pockett y mi Nikon F4 y paréle de contar.

Después de tres noches pernoctando en la Greyhound Station de San Pancho y de andar por ls calles de Berkeley buscndo a mi carnalito Manuel el Leperuzco, hasta que la tarde esa que me tope´con Julia, en un rincón del Bank of America, en lo oscurito, ahí esttaba sentado un bato en el suelo, nos vimos y yo seguí, luego retrocedí y nos volvimos a ver y: "!Carnal, carnal, carnalito, hijo de la chingada, mua, mua, mua..". Nos metimos a un bar que estaba en College, enfrente del campus, ahí llegaban muchos activistas y lumpenes y drogos y criminales y putas y músicos y poetas y pordioseros. El Manolo tenía un flat en Oakland pero se pasaba sus ratos libres -que eran muchos- en Telegraph Avenue, como la Julia vinograd y luego yo y luego ustedes y usted todavía.

Un abrazo
elmariojulio

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On 26/09/2009, at 4:05 AM, Oscar Bernal wrote:

La Julia poeta Vinograd dejó de echar sus pompas, las de jabón, no las otras pompis no porque no le alcance la pachocha para comprar jabón, sino porque el dia que a Fidel le dijo el doctor, oiga comandante, usté coño ¿cómo decirselo? va a tener que dejar el puro, Julia hizo su propio sacrificio. Mi cuate el Georg kangaroo, que también dice ser poeta y en el viento las compone si le compró todos los libros a Julia y él te puede hacer una relación de todos los poetas del Area de la Bahia, porque los conoció a todos y trató a muchos de ellos (de si los trató mal o bien ya es cosa de otra cosa)
No sé si recuerdas a aquel grupo de jóvenes poetas, entre seis y diez, según para donde soplara el viento, que al final de la noche se reunian en el Mediterraneum para de ahi retirarse a casita. El lider o guia de turno traia un palo de escoba con una cabeza de Mickey Mouse en lo alto y unos listones de colores y castañuelas y campanitas y otros colgajos. Cerraban el café y el grupo de poetas emprendia la marcha por Dwight hacia el oeste. Algunos vestidos con varios pantalones encimados y cortados a distintas alturas de las piernas. Unos con abrigos, otros con sarapes o capas de Supermán o Batman. A veces se sentaba Julia con ellos a gorrearles el capuchino o a dejarse gorrear.
Otra poeta de aquellos tiempos, que se llama Alta, pero que era tomada mas en serio en los medios semioficiales abrió hace un par de años una galeria en College a unas cuadras de mi casa. a veces me detiene y hablamos y me invita a visitar el changarro. Cuando tú te fuiste empezó un periódo como de unos cuatro años de auge del asunto poético en la Bahia. Habia mas lecturas de poesia que misas y rosarios. En el Moe's, en Codys, en el Black Oaks, en La Peña, en el City Lights, en el Fígaro, en la Universidad, en el Starry Plough. En una de esas vino el tal Edgar List, que creo que es hijo de aquel otro poeta que vivió cien años y murió de puro gusto y que se llamaba Germán List y que algo tuvo con los Estridentistas. El examigo Juvenal, que casó con Lucia y vivió con ella por algunos años, invitó el tal Edgar List a su casa y ahi utilizó a Arnold-o para sabotear la lectura de poemas a la que lo habia invitado a su propia casa. Cuestíón de golpes bajos y puñaladas traperas para las que siempre usaban al pobre Arnold-o, tu cuais el chapito, el chapulín coloreado lo usaba para joderse a sus cuates ¿a quién mas? Total que ya molesta la amante del tal List, que estaba muy linda, se levantó y le mentó la madre a Arny y luego a Juvenal, al que estuvo cerca de darle un bofetón y muy merecido. Yo y Denise ya nos habiamos levantado para irnos porque la escena era de emboscada y traición y aunque yo no conocia a Edgar List, me pareció una canallada la que el pendejo de Juvenal le estaba haciendo. No supe ni le pregunté cual era el motivo de tal celada. Cosas de poetas, seguramente, como la trastada que le hicieron aquellos dos poetas a Vicente Anaya en su propia casa del D.F. alla por el 75.
Ahora Llucia no quiere ni oir el nombre del que fue su esposo. Habrá de seguro algunas camaradas que tampoco querrán oir el mio, je je, qué se le va a hacer, no soy monedita de oro...
Otra vez en una fiesta en casa de Gerard y Polly, Adam Cornford empezó a leer espontáneamente algunos de sus poemas y Marianne Kester se paró a sabotearlo cantando arias de óperas y bailando al rededor del bardo que tuvo que callarse. No sé si estabas tú ahi, fue alla por el 79 o seria el 80.
Según unas fuentes entre los Estridentistas en 1921 estuvieron Maples Arce, Fermín Revueltas, Germán Cueto, Arqueles Vela, Ramón Alva de la Canal, Germán List Arzubide y Leopoldo Méndez. Con Roberto Bolaño y Mario Santiago fuimos Margarita y yo a entrevistar a Manuel Maples Arce en el 76.

Bernal el retaguardista
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Don Germán List Arzubide era muy amigo de Mireya Cueto (–hija del escultor y pintor Germán Cueto y de pintora y grabadora doña Lola Cueto maestra particular de J.L. Cuevas-) mi gran dircctora de teatro de títeres. List tenía un puesto honorario en la burocracia cultural, las primeras funciones de Nahui Ollin –la leyenda de los soles-(teatro de sombras luminosas) las dimos en el auditorio del sombrío y laberíntico Palaciio Nacional gracias a don Germán List. Él vió la obra, le gusto –obvio- y como era el estreno había “vino de horror”, nos echamos unas copas junto a él (en aquel tiempo, el ’90, todavía empinaba el codo), Zazueta el pelo-chino y yo y Nadia y Adriana la brasiileña que estaaba para chuparse los dedos y quedarse sin resuello, le dabámos mate a los casilleros del diabolo mientras el poeta estridentista hablaba con Mireya. Era un tipo muy alto -y firme todavía a sus más de noventta- bien parecido y amable y bien trajeado.

Cuando yo vivía en Oakland en el flat del Manolo y vecinos del Malaquías Montoya ibamos con éste a La peña –sitio en el cual nunca me sentí a gusto-, allí llegaban “de repente en el verano” The Chicano Air Force, grupo de poetas, músicos y musas ledereados por Ramón Montoya, carnalbrother del buen Malacas. El grupo se aventaba sus performances que eran una mezcla –good blend- de corridos mexicanos y poemas en spoke vord in spanglish y como eran de la chicano air force llevaban de aqullas gorras de cuero que usaban los pilots on the first world war. A Ramón Montoya tampoco le gustaba mucho el ambiente rabón de La peña y como The starry plough estaba next door nos íbamos payaso y allí: a gritar y chupa guinnesses y jack daniels como locos -whitout stupid idelogical troskist or comunist boundaries, you know what I’m talking about-. Ellos vivían en SanJo pero tenían un cuartel cerca del Golden Gate Paark, en Haight-Ashbury, era un falt bonito lleno de pinturas y fotos y brillantes lábaros patrios tricolors con su aguilita cojiéndose la serpiente encaramada en un nopar repleto de t tunas –me he comer esa tuna/aúnque me espine la mano/me he comer….-. Total que una de esas noche de farra –andaba Luis Valdéz el director de Teatro Campesino y el que hizo la película La bamba, él qea muy cuate del Ramón y el Malacas-, esa noche yo me quedé en ese cuartel y como hacía un frío de esos que hace en San Francisco ahí por el mes de Febrero y como no me tocó cama y ya al punto bien pedorrón, baje un manto tricolor y como buen niño héroe, me enrrollé en él y me tire a la alfombra. Desperté porque el poeta aviador Montoya me quitó la bandera de un tirón: “qué falta de respeto, carbon, sáquese, y no vuelva…”, jajaja. Pero después volví y no hubo tos fesferina.

Yo viví un par de años en casa de Mireya allá por San Jerónimo, había sido la casa de sus padres y ell jardín estaba lleno de esculturas de don Germán Cueto y la casa mayor –porque eran varias casas- eataba llena de grabadaos de marionetas hechos por doña Lola. Yo dormía en una troje que don Germán había mandado traer desde Jarácuaro Michgigan. Los padres de Mireya también fueron amigos del poeta chileno que me cae como pancake en tiempo de crdaa: Pablo Neruda y del grtandísmo, inolvidabe, inigualabe: don Luis Buñuel: Mieya estaba, que también era maestra de historia la maestra, eataba lena de historias, de esas que se cuentan al atardecer saboreando un chocolate con churros allá por el Moro alla por San Ángel allá por Coyoles. A mi querida Mireya siempre le gustaron mis poemas y la forma en que mis manos le daban vida a la diosa Cihuacoatl -que fue la diosa que pinchándole con una larga espina de maguey el pene-nepe del diosito Quetzalcoatl cuando éste regresó morido, arrastrado desde el Mictlan por su fiel guardian-nahual Yolotl, élla le inyectó la vida de nuez moscada bien mascada.

Un abrazo de poeta que no de puto, tío…
elmarioyolotl

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